Hijo de una estrella: carta de una profesora a un estudiante universitario

(Advertencia: la lectura de este texto puede herir su sensibilidad si no está usted acostumbrado a pensar libremente).

 

Reto demográfico: dícese del eufemismo que, sumándose a la tendencia de embaucar al trabajador haciéndole creer que todos los marrones que le caen son una oportunidad para superarse, motivo por el cual no debe quejarse y agradecer a sus jefes la fantástica oportunidad que le brindan de trabajar gratis, quiere referirse a un problema (perdónenme, pero un reto es subir al Everest; por el contrario, todo aquello que requiere una solución es un problema mondo y lirondo). Dicho problema consiste en que en un tiempo no muy lejano una horda de viejos -los hoy cuarentones y cincuentones – alcanzarán la senectud en un momento en el que los que se encuentren en edad fértil y activa representarán un número insuficiente para hacer frente al pago de las pensiones de los dichos viejos.

 

Otro problema acecha como una nube gris el futuro: muchas de esas personas llegarán a este momento solas. ¿Por qué? Porque la izquierda mediática y política de este país (y también la derecha, no sea que se le escape un #hashtag), a la vez que se muestra muy preocupada por el mal llamado reto, por otro lado se dedica a hacer ingeniería social y a fomentar sin ambages, bajo la excusa una mal entendida libertad (que nos dirige a donde quieren con pocas posibilidades de elegir), la soltería, la promiscuidad, el enfrentamiento de los hijos contra los padres, el de la mujer contra el hombre, el feminismo (perdónenme la redundancia), la postergación de la maternidad, la elección del género, el aborto…

 

Al lector más avispado no se le escapará la clara solución que han ideado para esto: la eutanasia. ¿Cree que su aprobación en el formato actual se debe a una piedad desmesurada que borbotea en las privilegiadas cabezas y los tiernos corazones de los políticos? Entonces, debe usted seguir leyendo.

 

Nunca nos hemos enfrentado a un problema similar. Aquellas personas que carecían de apoyo familiar eran las menos. En las familias (sí, FAMILIAS) se genera una red de apoyo y socorro mutuo que funciona como una perfecta máquina engrasada. Cuando los hijos eran más numerosos, había también primos por doquier, tíos y demás parientes, nadie tenía la desgracia de quedarse solo. La vejez en soledad no sólo genera un conflicto en cuanto a su manutención, sino que genera otro igual de grave: nadie podrá tomar por esa persona cuando ya no pueda hacerlo por sí misma decisiones sobre su cuidado y sobre su destino. Con una media de 1,2 hijos por mujer en España, y cayendo la cifra, el problema es descorazonador.

 

Pero, ¿cómo hemos llegado a esta situación? Como todo, para comprender lo que hoy ocurre se torna imprescindible volver la mirada hacia atrás… Hace 300.000 años (sí, tan lejos hemos de ir), apareció aproximadamente el hombre en la Tierra. En un comienzo, como usted adivina, la sociedad no era como la actual sino que, en una tendencia digamos natural y obedeciendo al instinto de supervivencia y permanencia el ser humano debía intentar reproducirse al modo del mundo animal, esto es, cuantos más descendientes, mayor seguridad debía hallar el cavernícola de dejar de lo suyo algo cuando partiera al más allá. Todos los avances sociales se explican mediante una ardua labor comunitaria de ensayo-error (salvo las revoluciones, pero éstas, ¡ah querido!, no son nunca fruto de la casualidad). De modo que, a lo largo de miles de años el hombre pareció comprender que el orden social estructurado en grupos era beneficioso para todos (es una evolución lógica y natural pues así ocurrió en todo el mundo) y por ello surgió la unidad tribal, nacional, familiar, el reparto de las tareas y toda una estructura de colaboración social que ha demostrado sus bondades aun no siendo perfecta y que ha forjado la sociedad tal y como la conocemos.

 

Pero, ¡ah! El político también debe llevar el pan a su casa…, debe ser original, rompedor, atender a las modas, los lobbies, las minorías, las minorías, las minorías y las minorías pues, de otro modo, ¿quién le haría caso?, ¿cómo justificará su salario? Y también debe cambiar la sociedad. La ingeniería social (dícese del conjunto de líneas políticas que pretenden crear una sociedad determinada acorde a su ideología favoreciendo determinadas conductas) es un arma peligrosa cuando obedece a la necesidad del político de crear entorno a él una realidad que le haga sentir necesario. Mucho más peligrosa resulta incluso cuando obedece a un simple experimento no bien pensado.

 

Durante años hemos sido bombardeados con anuncios, series de televisión, tendencias de Instagram, películas que no reflejan la aburrida, monótona, insípida y poco atractiva vida de una familia tradicional. No. Cada vida que nos muestran es más sui generis e inimaginable que la anterior. Todos avatares de universos paralelos en los que sus protagonistas se merecen (nadie adivina por qué) todo: una vida plena de frivolidad, libertad sexual y personal, sin ataduras familiares, sin raíces, sin rumbo fijo, como un soplo de aire fresco en el rostro… rostro que se ajará como todos, y lo hará sólo.

 

Es cierto que la vida se ha alargado, aumentado la esperanza de vida, pero la parte que se ha alargado es la de la ancianidad, la juventud se sigue acabando donde antes lo hacía. No amigos, los treinta no son los nuevos veinte, ni los cuarenta los nuevos treinta. Les han engañado…

 

Toda esta realidad cobra virtualidad evidente para la reflexión que a continuación comparto con ustedes:

 

¿Compran ustedes mucho por internet? Si la respuesta es sí, ¡bingo! Es usted un firme candidato a sufrir las peores consecuencias del invierno demográfico, por la edad, quiero decir.

 

¿Cuáles son los motivos por los que compra tanto por internet? Hay muchos que le vienen de repente a la mente: comodidad y falta de tiempo son los más populares.

 

¿Recuerda usted siempre lo que compra?, ¿no?, ¿le hace ilusión cuando llega un paquete de amazon a su casa? Si la respuesta es sí, tiene usted el pleno al quince.

 

Compramos por internet también para autorregalarnos (impulsados inconscientemente porque Instagram nos ha dicho que nos lo merecemos) y porque siempre ha hecho ilusión una sorpresa, ¿no es así? Preferimos cosas a personas. Las personas que hoy día me dicen que no quieren tener hijos lo hacen porque los sustituyen por cosas… No les reprocho nada, las cosas no se quejan ni enferman jamás.

 

La vida no es una cuenta de Instagram, es mucho mejor, pero hay que atreverse a vivirla. Recuerde que usted es hijo de Dios, o de una estrella... o como quiera llamarlo.