La confusión de la naturaleza de las pensiones compensatoria y de alimentos y su límite temporal

La pensión establecida en el artículo 97 del Código Civil que el Juez puede otorgar a favor de uno de los cónyuges y a cargo del otro, trata de compensar –generalizando la cuestión y poniéndola en conexión con la realidad social, –a aquél cuando su dedicación  a las necesidades de la familia le haya supuesto una pérdida de expectativas con contenido económico. Se trata de compensar con ella, por tanto, el coste de oportunidad que en relación al otro miembro de la pareja ha sufrido uno de ellos, puesto que a aquel al que no le afecta el desequilibrio podrá continuar con el nivel de vida que se proporciona con sus propios medios y que ha conseguido, en parte, con la renuncia del otro.

 

La discusión  mantenida durante largo tiempo, por parte de  jurisprudencia y doctrina, acerca de la posibilidad de limitar temporalmente la pensión compensatoria que pueda concederse a favor de uno de los cónyuges en un proceso de separación o de divorcio, quedó resuelta por la Ley 15/2005, de 8 de julio, por la que se modifican el Código Civil y la Ley de Enjuiciamiento Civil en materia de separación y divorcio, estableciendo expresamente tal posibilidad, bien teniendo en cuenta los acuerdos a los que hayan podido llegar los cónyuges, bien dejándolo a criterio del juzgador si así se le ha solicitado.

 

La citada Ley llegó tras la Sentencia del Tribunal Supremo de 10 de febrero de 2005 que dejó sentada la doctrina a favor de la posibilidad de limitar en el tiempo la pensión compensatoria, tras años de discusión en Juzgados y Tribunales acerca de esta cuestión.

 

No han quedado en el Código Civil, sin embargo, fijados los criterios en orden a establecer dicho límite temporal, y en la práctica jurisprudencial se observa actualmente una, a mi parecer, excesiva generalización en el establecimiento del límite temporal, en parte  debido a que se confunde en multitud de ocasiones la naturaleza y el fundamento de la pensión compensatoria con la de alimentos.

 

Esta confusión en el fundamento y en la finalidad de cada una, es muy común. Conviene recordar que también puede haber alimentos entre cónyuges, que hay que distinguirlos de la compensación. Así, cuando hablamos de constante matrimonio, habrá alimentos; cuando hablamos de separación matrimonial, cabrá tanto la compensación como alimentos; si hablamos de divorcio sólo podremos hablar de compensación; y si hablamos de nulidad, cabrá indemnización para el cónyuge de buena fe. Pero para la valoración de la existencia de ese derecho se estará a lo establecido en los arts. 142 y siguientes del Código Civil.

 

Es cierto que, teniendo en cuenta el aspecto sociológico y el hecho de que todavía hoy  es la mujer la que normalmente es beneficiaria de la pensión compensatoria, las situaciones en las que se plantean las causas actuales de separación y de divorcio difieren mucho de las existentes hace años. Así, es ahora mucho más común que antes la separación o el divorcio de matrimonios de escasa duración, en la que el matrimonio ha tenido pocos hijos y en los que la pérdida para el cónyuge perjudicado es mucho menor que en los procesos matrimoniales de los que antes conocían los juzgados, por estas circunstancias que acabo de citar, y por el evidente cambio sociológico que ha supuesto desde hace décadas la incorporación de la mujer al mundo laboral y la independencia económica que esto le ha proporcionado.

 

Cuestión distinta es que en la práctica judicial se viene aplicando el mismo criterio de esta nueva realidad, que inevitablemente ha de hacer cambiar el criterio de Jueces y Tribunales, a casos en los que con ello no se consigue el fin pretendido por el artículo 97 del Código Civil, castigando a uno de los cónyuges –la mujer, normalmente –por no haber procurado para sí hace años, cuando la realidad social era distinta a la actual, su propio sustento.

 

Además, de estar el cónyuge perjudicado en condiciones de cubrir sus propias necesidades vitales, es muy común que no se le otorgue a su favor pensión compensatoria o se le conceda de manera temporal, cuando puede igualmente verse perjudicado por la separación o el divorcio de manera perpetua. Piénsese, por ejemplo, en el caso de un cónyuge que renuncie voluntariamente a una promoción laboral para poder atender a la familia, como resultado de un pacto con su cónyuge en el reparto de tareas: no necesita un subsidio a cargo del otro cónyuge, pero igualmente ha sufrido una pérdida, que ha beneficiado a éste, y que sin duda debe ser compensada. Sin embargo, en un caso como el presentado en el ejemplo, actualmente es muy común que el Juez le deniegue su solicitud de pensión compensatoria o que se la limite en el tiempo a dos o tres años, y ello como he dicho porque es muy habitual hoy día la confusión entre la necesidad que hace establecer una pensión de alimentos, con la pérdida sufrida por uno de los cónyuges que debe compensarse. Sin embargo, sí es habitual conceder la pensión a favor del cónyuge que no posee medios propios, aunque no renunciara a nada, por ejemplo, si nunca se preparó ni trabajó fuera de casa. Esta persona, en puridad, no ha sufrido desequilibrio alguno, puesto que no ha sufrido el coste de oportunidad en el que se basa el fundamento de la causa que da lugar a la pensión. Al ser la necesidad uno de los rasgos que se deben tener en cuenta según el artículo 97 para determinar la existencia del desequilibrio, podremos tenerla en cuenta, pero es cuanto menos una cuestión dudosa que debe hacernos reflexionar.

 

                Para aclarar cuál es realmente la naturaleza de la pensión compensatoria se debe acudir al concepto de desequilibrio. Pero el art. 97 del Código Civil no ofrece si quiera una definición de desequilibrio, limitándose a establecer la posibilidad de la pensión cuando tal desequilibrio exista.

 

La cuestión del desequilibrio, cuya existencia deja claro el Código Civil que determina el establecimiento de la compensación del cónyuge, puede abordarse desde dos puntos de vista principalmente:

 

El criterio objetivo pone su atención en el hecho de que tras el divorcio o la separación uno de los cónyuges queda en situación de desequilibrio si comparamos la situación patrimonial en la que queda uno y otro tras la separación y divorcio y con la que mantenía el que queda en peor situación en comparación con la que tenía durante el matrimonio. Así, el juez, comparando las dos situaciones y de entender que existe un desequilibrio, impondrá una pensión compensatoria sin entrar en más consideraciones.

 

El enfoque subjetivo sí toma en cuenta esas otras consideraciones que no son exclusivamente comparación de la situación patrimonial de los cónyuges tras la separación o el divorcio, para estimar que no toda alteración patrimonial es de bastante entidad como para entender que existe desequilibrio e imponer una pensión compensatoria: sólo deberán tenerse en cuenta los factores que lleven a un desequilibrio pero que tengan que ver con el matrimonio y la convivencia para imponer la pensión.

 

El descenso en el nivel de vida –teniendo en cuenta lo anteriormente dicho respecto de la finalidad de la pensión –disfrutado durante el matrimonio no supone siempre la existencia del desequilibrio, pues ello dependerá de que realmente haya existido un sacrificio por parte de uno de los cónyuges, contribuyendo de ese modo a alcanzar dicho nivel de vida. Por el contrario, cuando, a pesar de que tras la separación o el divorcio los cónyuges queden en distinta situación, ambos hayan continuado con su desarrollo profesional sin existir sacrificio por parte de ninguno de los dos, no existirá tal desequilibrio.

 

De ahí que, a pesar de que dice el Código Civil que hay que contemplar para saber si existe desequilibrio la situación existente durante el matrimonio en comparación con la existente después del mismo, más bien parece que hubiera que poner en comparación ésta con la vivida por los cónyuges antes del matrimonio, y poder ponderar de este modo si ha existido o no sacrificio. 

 

El art. 97, como antes de la reforma hacía ya, establece los criterios para calcular el importe de la pensión compensatoria, pero no aquellos que deban informar a la hora de limitarla en el tiempo. De la redacción del artículo no se desprende nada distinto. Si bien, en la práctica, estos mismos criterios –edad y estado de salud, probabilidades de acceso a un empleo, etc. –son los que justifican tanto el importe como la necesidad de su temporalidad; criterios que son los tenidos en cuenta también –salvo algunos de ellos –para establecer a favor del alimentista una pensión de alimentos, con lo que estamos de nuevo prácticamente confundiendo ambas pensiones –compensatoria y de alimentos – cuando su fundamento y el fin al que sirven son profundamente distintos.

 

Tal y como quedó redactado el art. 97 del Código Civil tampoco ha quedado solucionada la eterna discusión acerca de si el establecimiento del límite temporal debe ser ahora entendido como regla general, siendo el no establecimiento del límite la excepción, o al contrario, pareciendo que quedan ambas posibilidades de igual aplicación, sin ser ninguna excepción a la otra. En algunas sentencias se refieren a la limitación como excepcional, entendiendo su forma vitalicia como la norma general en que debe establecerse y la limitación sólo será aplicable cuando existan expectativas serias de obtención de ingresos lo que depende de las condiciones del cónyuge (edad, cualificación profesional, etc.) de tal manera que sólo cuando existan evidencias de que el desequilibrio será superado en un determinado plazo se establece la limitación (como por ejemplo pueda ser en el caso de una excedencia).

 

En la Exposición de Motivos de la Ley 15/2005 nada se dice acerca de esta modificación del art. 97, limitándose a justificar la necesidad de la reforma en cuanto a los demás puntos. Pero, eso sí, deja constancia de los principios que inspiran la modificación del citado precepto, teniendo especial importancia en lo que nos atañe los siguientes: la consideración del art. 32 de la Constitución Española que ordena, en base a la igualdad jurídica del hombre y la mujer en lo que al matrimonio se refiere, configurar el ejercicio del derecho a contraer matrimonio –derecho constitucionalmente enunciado –de tal manera que el mismo “no podía afectar, ni desde luego, menoscabar la posición jurídica de ninguno de los esposos en el matrimonio” (párrafo 3º de la Exposición de Motivos de la Ley 15/2005); el evidente cambio en el modo de concebir las relaciones de pareja en nuestra sociedad ha privado paulatinamente a estas normas de sus condicionantes originales (párrafo 7º de la citada Exposición de Motivos); “el reconocimiento por la Constitución de esta institución jurídica –el matrimonio –posee una innegable trascendencia, en tanto que contribuye al orden político y la paz social, y es cauce a través del cual los ciudadanos pueden desarrollar su personalidad” (párrafo 9º); La referencia al art. 10.1 de la Constitución Española en cuanto al libre desarrollo de la personalidad (párrafo 11º); “la intervención judicial debe reservarse para cuando haya sido imposible el pacto, o el contenido de las propuestas sea lesivo para los intereses de los hijos menores o incapacitados, o uno de los cónyuges, y las partes no hayan atendido a sus requerimientos de modificación. Sólo en estos casos deberá dictar una resolución en la que imponga las medidas que sean precisas” (párrafo 18º); a estos fundamentos esgrimidos en la citada Exposición de Motivos, debo añadir el del art. 35 de la Constitución, que establece que “todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo”.

 

Como he dicho más arriba, poco antes de la entrada en vigor de la Ley 15/2005 dictaba el Tribunal Supremo Sala Primera la sentencia, de 10 de febrero de 2005, que trae causa de Recurso de Casación basado precisamente en la divergencia de doctrina existente en orden al establecimiento de un límite temporal en la pensión compensatoria. Esta sentencia pone fin a una larga discusión sobre el tema que nos ocupa, entendiendo que aun no contemplando el Código Civil la posibilidad de limitar en el tiempo la pensión compensatoria, es cierto que tampoco lo prohíbe expresamente.

 

                Algunas Sentencias recientes que tratan esta cuestión:

 

-         - STS 409/2018, de 29 de junio: “De esta doctrina jurisprudencial puede deducirse que la cantidad fijada es proporcionada y adecuada a las circunstancias concurrentes, si bien el condicionante temporal está viciado de un inadecuado juicio prospectivo, en tanto que su supeditación a la liquidación de la sociedad de gananciales y al litigio sobre la herencia, supone establecer unas bases inciertas, en tanto se desconoce el valor de los inmuebles y el resultado del litigio, por lo cual procede estimar el recurso de casación y fijar la pensión compensatoria con carácter indefinido” (Fundamento de Derecho 3º).

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-          - STS 389/2018, de 21 de junio: “Esto es lo que ocurre en el caso pues, dada la edad de la esposa -57 años en el momento de la interposición de la demanda- no cabe considerar que la misma tenga una clara probabilidad de superar el desequilibrio económico actual que únicamente en parte queda paliado con la exigua cantidad mensual concedida, cuando además consta que el obligado satisface otra pensión por desequilibrio por una relación anterior por más del doble de dicha cantidad” (Fundamento de Derecho 2º).